LAS FIESTAS DEL CRISTO DE LAS BATALLAS
El día del Cristo se
celebraba el 14 de septiembre, después de acabarse las faenas de la trilla. Se
trasladó al 2 de septiembre por los años 40.
Los festejos consistían
en vaquillas en la Plazuela, se tapaban las esquinas con carros y se engalanaban
con pañuelos bordados, dejándose un pasillo alrededor del Péndere para que
pasaran las reses.
También se corrían a
caballo los gallos, que eran los gallos colgados y los mozos pasaban corriendo
montados a caballo a cortarle la cabeza.
El día del Cristo muchas
personas le ofrecían, por concederle lo que le pedían, animales (terneros,
cerdos, gallos, etc.) y dulces. Todas estas ofrendas se colocaban en los
balcones y en las ventanas para que, el día de la procesión, lo viera el
Cristo como ofrenda. Por la tarde se hacía la subasta y el dinero recaudado era
para la iglesia.
También las gentes
se amortajaban en señal de promesa, con unos metros de tela (3 o 4 metros)
dobladas desde el hombro a la cintura y, sujetas con una cinta roja. La tela de
la mortaja se dejaba en la iglesia para paños, manteles o lo que hiciera falta.
Además se llevaba una vela o un cirio encendido.
Había quienes hacían
promesa en ir de rodillas desde la entrada de la puerta principal hasta el
altar, con dos velas (una en cada mano). El suelo estaba cubierto de losas
grandes (tumbas) y muchas veces las rodillas de las gentes sangraban. Otras hacían
promesa de soltarse el pelo como la Magdalena, después de llevarlo todo el año
recogido en un moño.
Al mediodía siempre había baile, después se iban a comer y seguía por la tarde hasta que anochecía, alrededor de las ocho o nueve de la noche.
Texto: Ana Batalla Garlito