PREGÓN DE LAS FIESTAS 2006

(Marga Calleja)

Santiago de Alcántara, 31 de agosto de 2006

  Buenas noches santiagueños y santiagueñas. Bienvenidos y bienvenidas también a la buena gente de otros pueblos cercanos que quieren compartir y disfrutar de nuestras fiestas. La razón que me ha movido a estar hoy aquí es la alegría que causa este hecho en mi familia. Hoy, algunos familiares no pueden estar aquí y si me permiten, voy a dedicarles estas palabras a todos ellos.

 Agradecer en primer lugar a Juan Garlito su invitación a este pregón de las fiestas de Santiago de Alcántara. La primera duda que me asaltó tras semejante proposición fue ¿Qué cuento? Dándole vueltas surgieron varias historias, de hecho este pueblo está plagado de historias bonitas que merecen hoy ser nombradas. Sin embargo, hay una que siempre he imaginado y debe ser la primera.

 El protagonista de esta historia es un chico de 17 años que lleva ya media vida trabajando. El hambre obliga a trabajar y a no estudiar, a ser hombre ya, a marcharse de la Tierra con un sentimiento doble: la inquietante emoción por prosperar y el brutal miedo que da ser extranjero.

La primera noche en tierras lejanas tiene que dormir en la calle, el paisano que esperaba no ha llegado. Se ata la maleta a la cintura en la que tiene una camisa, un traje viejo y una antigua novela del oeste (que es su pasión) y una corbata, para que nadie le robe lo único que tiene.

 En poco tiempo cuenta con tres trabajos. Nadie quiere trabajar en lo que hace él, nadie. Él piensa en enviar dinero y en volver, sólo en eso. Una carrera ciclista anuncia el verano y la vuelta a la Tierra. Así durante veinte años. Siempre dice que está de paso, que está a punto de volver a la Tierra.

 El chico, ya hombre y padre de familia, vuelve a su país pero no vuelve a la Tierra , debe seguir trabajando lejos. Siempre dice que está de paso, que está a punto de volver a la Tierra. Lo repite tanto que sus hijas primero lo tachan de loco, pero luego esa idea formará también parte de sus vidas.

 Esta historia tiene un final feliz, porque ese hombre al final, quizá demasiado tarde para su gusto, vuelve a la Tierra. Muchas mañanas se sienta en el porche de su casa y piensa en tantas idas y venidas y en tanta gente querida que quedaron en el camino, que no han podido tener la recompensa de pasar el resto de su vida en la Tierra en paz y felicidad.

 La vuelta a la Tierra. Esa Tierra saqueada de gentes y de recursos en contra de su voluntad, porque se ha visto sola para tirar hacia delante con pocos habitantes en los pueblos que han aguantado la envestida de la falta y que nos reciben año a año con los brazos abiertos.

 La historia que contaba no tiene fecha porque desgraciadamente es totalmente actual, lo vemos cada día en los medios de comunicación como tanta y tanta gente se juega la vida por tener algo más que miseria, enfermedad y desesperación.

 Sin embargo, hay otra historia que no sale en los medios de comunicación: mucha gente joven está abandonando la Tierra , hoy no hay hambre afortunadamente, pero seguimos sin conseguir un trabajo estable que haga plantearse una vida aquí.

 Pero también hay otras historias, como la mía y la de unos cuantos (que bautizamos cariñosamente como “operación bellota”) que sin esperar a la jubilación hemos querido venir a la Tierra a trabajar y a vivir en un sitio del que si la historia no nos hubiera jugado la mala pasada no deberíamos haber salido a no ser que fuera por propia voluntad.

 Pero también hay otras historias de gentes, de buenas gentes que por muy lejos que vivan siempre tienen esos días guardados para la Tierra , esa Tierra que siempre espera paciente al emigrante para acogerlo y mimarlo aunque sea por poco tiempo.

 Yo por suerte trabajo para el desarrollo de esta Tierra, para que algún día quien se quiera venir aquí se venga, pero para que nadie se vaya en contra de su voluntad.

 Y ya me despido, como dice otro emigrante:

 Me despido que es hora
de bailes y no de versos,
santiagueños y santiagueñas,
de tan cerca y de tan lejos

inauguradas quedan las fiestas,

las de siempre, las de la Tierra.

 Buenas noches y muchas gracias por vuestra hospitalidad y cariño a una santiagueña adoptada que poco a poco va sintiéndose una más.