El protagonista de esta historia es
un chico de 17 años que lleva ya media vida trabajando. El hambre obliga
a trabajar y a no estudiar, a ser hombre ya, a marcharse de
La primera noche en tierras lejanas tiene
que dormir en la calle, el paisano que esperaba no ha llegado. Se ata la
maleta a la cintura en la que tiene una camisa, un traje viejo y una
antigua novela del oeste (que es su pasión) y una corbata, para que
nadie le robe lo único que tiene.
En poco tiempo cuenta con tres
trabajos. Nadie quiere trabajar en lo que hace él, nadie. Él piensa en
enviar dinero y en volver, sólo en eso. Una carrera ciclista anuncia el
verano y la vuelta a
El chico, ya hombre y padre de
familia, vuelve a su país pero no vuelve a
Esta historia tiene un final feliz,
porque ese hombre al final, quizá demasiado tarde para su gusto, vuelve
a
La vuelta a
La historia que contaba no tiene
fecha porque desgraciadamente es totalmente actual, lo vemos cada día en
los medios de comunicación como tanta y tanta gente se juega la vida por
tener algo más que miseria, enfermedad y desesperación.
Sin embargo, hay otra historia que
no sale en los medios de comunicación: mucha gente joven está
abandonando
Pero también hay otras historias,
como la mía y la de unos cuantos (que bautizamos cariñosamente como
“operación bellota”) que sin esperar a la jubilación hemos querido venir
a
Pero también hay otras historias de
gentes, de buenas gentes que por muy lejos que vivan siempre tienen esos
días guardados para
Yo por suerte trabajo para el
desarrollo de esta Tierra, para que algún día quien se quiera venir aquí
se venga, pero para que nadie se vaya en contra de su voluntad.
Y ya me despido, como dice otro
emigrante:
Me despido que es hora inauguradas quedan
las fiestas,
las de siempre, las
de
Buenas noches y muchas gracias por vuestra hospitalidad y cariño a una santiagueña adoptada que poco a poco va sintiéndose una más.
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