PREGÓN DE LAS FIESTAS EN HONOR DEL

SANTÍSIMO CRISTO DE LAS BATALLAS

(Antonio Durán Moreno)

 

Queridos paisanos, queridos amigos, buenas noches:

Cuando hace aproximadamente 20 días el alcalde de nuestro pueblo me llamó en nombre de la Corporación para pedirme que diera el pregón de las ferias y fiestas de este año, recuerdo que me preguntó si necesitaba pensarlo. Yo le dije que no, que ya estaba pensado y que aceptaba; porque, sinceramente, queridos paisanos, es un honor estar hoy aquí con vosotros.

Pero luego sí lo pensé y noté como mis piernas temblaron un poco porque imaginaba a esta cantidad de gente expectante y dispuesta a enjuiciar una labor que no es nada fácil.

Además hice un poco de memoria y recordé a mis predecesores en esta tribuna y en este mismo acontecimiento, y me dije:  “Vaya lío en el que te has metido”. Porque intentar decir lo que ellos dijeron, será difícil, e igualar su forma de decir las cosas lo será aún más. Los que tuvieron la osadía de subirse aquí en años anteriores, eran y son primeros espadas (que de esos hay más de los que creemos en este pueblo). Yo intentaré llegar a peón de la cuadrilla, aunque no tengan ninguna duda de que lo haré con el corazón y pondré todo mi empeño en, al menos, sacar una sonrisa o despertar el interés de los que quieran escuchar.

Parece obligado que cada año hablemos de la historia de nuestro pueblo. Creo que es un buen ejercicio didáctico a modo de repaso, porque si ustedes quieren profundizar más sobre esta cuestión y sobre otras de sumo interés, sólo tienen que acceder a ese magnífico invento que es internet y pasearse por la página web de nuestro pueblo que con tanto acierto un buen día un paisano nos regaló para nuestro disfrute y participación.

La historia del nombre de la localidad data desde los tiempos de los templarios. Pero, al parecer, ya en el 3000 a.d.C. se asentaron los primeros pobladores en esta zona.

Somos herederos de los vetones, de los lusitanos, de los cartagineses, sobre todo de los romanos, también de los visigodos e incluso de los árabes. Pero no empezamos a tener identidad propia hasta que así lo determina Isabel, ya saben, la católica, la mujer de Fernando, la de Colón, que no quiere decir que tuviera un lío con Colón, no, ¡válgame Dios!

En las eras de Ulloa, colonia romana situada al sur de nuestro pueblo, nos asentamos por primera vez a buscar oro, que si llega a haber en abundancia, hoy seríamos Santiago City, en lugar de Santiago de Alcántara. Pero... estamos muy bien así, ¿verdad? De ahí el nombre de Aurela, territorio turístico, rico en muchas cosas menos en el preciado metal. Algunos opinan que su nombre no tiene nada que ver con la presencia de oro, pero no seríamos nada sin ella y el majestuoso tajo donde desemboca.

Y, fíjense bien, siempre hemos pecado de no estar suficientemente unidos. Allá por finales del s. XIII, desde el castillo de la Encomienda de Esparregal, el pueblo se divide en dos, fundamentalmente por necesidades agrícolas: unos se van a Santiago el Viejo, y otros al actual. El primero desapareció tras las guerras con el pueblo portugués que, más tarde se afincaron aquí y se hermanaron con nosotros, dejándonos ese trocito de terreno con la fuente que aún hoy se conserva y trasladando sus fronteras hasta el río.

La antigüedad del pueblo como tal, no se conoce realmente, ya que hubo una época que, entre el ayuntamiento y el clero perdieron los papeles. Para colmo, dejamos de llamarnos Santiago de Alcántara para pasar a llamarnos en 1813 Santiago de Carbajo. Permitidme que haga aquí un paréntesis para dar la bienvenida a nuestros vecinos, pueblo hermano sin el que perderíamos parte de los valores y de nuestra historia más reciente. Estas fiestas son también suyas. Al Cristo lo veneran como nosotros a su Santa Marina. No sería igual si ellos no estuvieran aquí, como ellos tampoco serían lo que son si nosotros no estuviéramos allí. En definitiva así tiene que ser, sin olvidar nuestra sana rivalidad, pero con la convicción de necesitarnos unos a otros. ¡Bienvenidos carbajentos!

Además en 1814 éramos barrio de Valencia de Alcántara, claro que como estábamos un poquito lejos para aquella época, nos dejaron solos. Y es que... de Santiago y perder... NO PUEDE SER.

No es hasta diciembre de 1960 cuando volvemos a recuperar nuestro nombre original, por lo tanto, muchos de vosotros nacisteis en Santiago de Carbajo.

Las ferias y fiestas que hoy celebramos datan, al parecer, de 1887. Y hablando de antigüedades, a un compañero de universidad y posteriormente de trabajo, le dije que era más viejo que el Péndere. Entre incrédulo y asombrado me miró porque no sabía que me estaba refiriendo a un lugar, hoy hermoso y pedagógico centro de interpretación de la naturaleza, que es el edificio más antiguo de nuestro pueblo.

Entre el Tajo y la Ribera y la sierra de Santiago, nuestro pueblo puede presumir de un enclave maravilloso. Alcornoques, encinas, jaras y matorral mediterráneo configuran un paisaje asombroso. Su fauna es una gozada y ,si no, que se lo pregunten a los cazadores, a los deportistas, a los paseantes que se deleitan con su presencia.                   

Pero, ya en nuestra historia más reciente, recuerdo mi infancia escuchando una radio clandestina al calor del brasero de picón junto a mi padre y mis tíos. El ruido del cerrojo de la puerta, que suponía cambiar de inmediato de emisora, significaba el miedo aún existente en los últimos años de un régimen dictatorial no deseado. Ese recuerdo dejó en mí una imborrable huella que me haría comprender la diferencia entre la libertad y la opresión. Y es que los que formamos parte de esta generación, hoy nos consideramos hijos de la transición, hombres y mujeres que compartimos pupitre, maestros y juegos. Estos hombres y mujeres son un tanto especiales para mí. Son gente tolerante, pacífica y con un profundo sentido de la amistad. Es cierto que vivimos una época mejor que la generación anterior y ,gracias a ellos, recordamos con añoranza nuestras andanzas en la escuela, en la calle y en nuestras casas (sin playstation, sin gameboy, sin móvil, sin DVD, sin CD...); pero nos labramos con esfuerzo nuestro futuro y, en ocasiones, pagando un alto precio. Desde aquí mi reconocimiento más sincero para todos ellos y mi recuerdo más emocionado para los que se quedaron en el camino, hijos de este pueblo cuya vida vieron truncada por el destino. Amigos muy queridos que en ocasiones fueron como hermanos y que nunca olvidaremos. Nos dejaron demasiado pronto y se llevaron con ellos un trozo de nuestro corazón. Pero también nos dejaron un claro ejemplo de amor que debemos conservar.

La emoción por el solo hecho de su recuerdo es tan grande que prefiero dejar al libre ejercicio de la mente de todo un pueblo sus rostros sonrientes y sus manos tendidas desde el cielo.

Pero esta generación aprendió a vivir libre y en paz, creyendo en el diálogo y en el respeto por las ideas. Esta generación no acepta ni aceptará jamás masacres como la de los balcanes, como la del pueblo iraquí, como la del palestino o la del liberiano. No aceptará jamás la amenaza permanente traducida en asesinato a cargo de bandas terroristas ni a quienes las apoyan. No aceptará jamás a los corruptos ni a los que se disfrazan de demócratas para después manipular al pueblo, ni a los que atentan contra la naturaleza, ni a los vividores televisivos, ni a los insolidarios. Que no olvide ninguno de esos que, cuando los poderosos pierden la vergüenza, los sumisos perdemos el respeto.

Esta generación aprendió mucho de sus padres como para que ahora alguien pueda cuestionar su fuerza.

Sin embargo, esa generación no sería nada sin la anterior, sin la anterior o la anterior de la anterior. Me refiero, sin duda, a las personas mayores de nuestro pueblo. A esos luchadores incansables que con el sudor de su frente y con su tesón, sacaron adelante a sus hijos, cuidaron de sus padres y hoy cuidan a sus nietos; porque siguen creyendo en los valores más puros de la vida. Ellos se lo merecen todo porque son la esencia viva de las cosas, memoria de lo acontecido; son el pasado y el presente, necesarios para construir el futuro. Ellos nos allanaron el camino y son nuestra referencia y nuestro ejemplo.

Nuestro pueblo goza en la actualidad de unas instalaciones magníficas donde pueden residir las personas mayores si las circunstancias de la vida así lo requieren. Las corporaciones municipales anteriores se empeñaron en hacer ese proyecto realidad y la tarea no fue nada fácil. La corporación actual se va a empeñar en que esas instalaciones, esa residencia, ofrezca mejores servicios aún porque, queridos mayores de Santiago, todo lo que se haga por vosotros será poco.

Que nuestro Cristo de las Batallas os proteja siempre y nos dé fuerza a los demás para cuidaros cuando lo necesitéis. Que os dé larga vida porque aún tenéis muchas cosas que enseñarnos y nosotros muchas cosas que aprender.

Claro que, si hay muchas personas mayores, es porque los más jóvenes se tuvieron que marchar con aquella emigración tan brutal que afectó, sobre todo, a las regiones más pobres. Os marchasteis buscando vuestro bienestar y el de vuestras familias, ahora parece que la tendencia se invierte. Algunos de vosotros arregla sus casas y decide volver a la tierra que les vio nacer. Habéis educado a vuestros hijos en el amor por este pueblo y, tanto ellos como vosotros, no faltáis a la cita de ,al menos una vez al año, pasearos por estas calles.

A veces caemos en la tentación de establecer diferencias absurdas entre los que estamos fuera y los de dentro, no existen esas diferencias, no son ciertas. Bien es verdad que, si no fuera por los que permanecen todo el año aquí, no sé qué sería de este lugar; pero no es menos cierto que este pueblo necesita de vuestra presencia y de vuestro retorno. Estéis donde estéis, seréis siempre hijos de Santiago y es difícil encontrar un sitio donde no aparezca un santiagueño o descendiente; pregonáis con orgullo el nombre de nuestra tierra y no renunciáis a vuestras raíces porque sois conscientes de que un hombre sin raíces es un hombre sin alma.

Pero,... ¿qué nos depara el futuro en Santiago de Alcántara? ¿Debemos ser optimistas? ¿O por el contrario nos sumimos en el más profundo de los pesimismos y nos cruzamos de brazos a ver pasar el tiempo por delante de nuestras narices? Pues miren ustedes, si no somos optimistas, no hay futuro.

Este pueblo ha ido poco a poco dotándose de unas infraestructuras que, al menos, lo mantienen vivo: el centro de atención primaria (desde aquí un saludo a los colegas sanitarios que hoy tienen guardia y velan por nuestra salud), los pisos tutelados, las viviendas sociales, el albergue, el centro de interpretación de la naturaleza, la piscina... son un ejemplo de las mismas. Nos falta, tal vez, mucha más iniciativa privada pero todos esperamos que algún día suceda.

Aun así, parece que la gente está cada día más concienciada para unirse y formar asociaciones que permitan una mayor vitalidad: los cazadores, las amas de casa, la peña del Madrid, la tercera edad. Esta gente está empezando a creer en el asociacionismo de verdad, como fórmula para revitalizar a este humilde pueblo a veces adormecido. Y estoy seguro de que las generaciones venideras están deseando recoger el testigo de la esperanza en su pueblo siempre y cuando nosotros les infundemos ese optimismo tan necesario siempre para obtener unos magníficos resultados. Ya sé que la madre del cordero está en el trabajo, en aquello que genera riqueza, pero hay distintos caminos hoy en día para conseguir lo deseado, aprovechémoslos.

No me puedo marchar de aquí sin hacer referencia a un hecho reciente, que pienso debe hacernos reflexionar y sentirnos orgullosos a la vez. Hace pocos días asistíamos a la respuesta contundente de la naturaleza a la agresión del hombre, nunca la habíamos sentido tan cerca. Los incendios que han asolado parte de nuestra hermosa comarca y país vecino no son otra cosa que una severa, cruel y definitiva llamada de atención sobre en lo que nos podremos convertir de aquí a poco si no rectificamos nuestras actitudes.

Esos incendios han provocado durísimos enfrentamientos entre el pueblo y las instituciones, pero también han servido para poner de manifiesto, una vez más, la solidaridad de un pueblo que ha luchado en cuerpo y alma para que las devastadoras llamas no consumieran sin piedad lo que consideramos que es nuestra tierra, nuestros árboles, nuestra sierra y nuestra vida.    

Santiagueños de todas las edades enarbolaban como uno solo la bandera de la esperanza y de la unidad. Sudorosos, hambrientos y sedientos ,pero nunca desfallecidos; bajaron hasta lo más profundo del infierno para pelear día y noche contra un monstruo. No había un mal gesto, una mala palabra, todo era mirada de complicidad, sólo había manos tendidas, resecas y trabajadas, con medios rudimentarios y en ocasiones escasos, pero dispuestas a sofocar aquello que se nos venía encima.

El pueblo de Santiago demostró una vez más la pasta de la que está hecho. Tenemos nuestros defectos, a veces demasiado evidentes, pero nadie nos puede negar que nos crecemos ante las adversidades y formamos causa común ante las desgracias.

Habéis podido comprobar que mis referencias al Cristo de las Batallas en este humilde pregón han sido esporádicas y espontáneas, pero intencionadas. Y es que quería reservar este lugar privilegiado para Él. En definitiva, estas fiestas se celebran en su honor, Él está presente en todo lo cotidiano de cualquier santiagueño sin distinción, sea creyente o no, y es que ese no sé qué, que produce su imagen cuando sale en procesión, impregna a todos, emociona a todos... por algo será.

Queridos amigos y paisanos, que el Cristo de las Batallas nos proteja, que permita y nos ayude a ser muy felices y a tener mucha salud durante estas fiestas y siempre, y que permita también que volvamos a vernos todos el año que viene.

Viva el Santísimo Cristo de las Batallas!! Viva Santiago de Alcántara!!

Buenas noches a todos.