PREGÓN DE LAS FIESTAS EN HONOR DEL

SANTÍSIMO CRISTO DE LAS BATALLAS

(El texto entre paréntesis son comentarios que no figuraban en el texto del pregón inicial y que el pregonero añadió de forma espontánea).

Queridos paisanos, buenas noches.

Un pregón nos trae a la memoria aquellos que echaban Ramón y Epifanio, que han quedado ya como una reliquia para el recuerdo y que debemos conservar como parte de nuestra cultura. El pregón de las fiestas, a mi entender, es la revisión de nuestra cultura, recordar nuestra historia y crear ilusión para seguir ilusionándonos con Santiago como parte de él que somos.

Un año más estamos aquí congregados para celebrar las fiestas en honor de nuestro santo patrón el Cristo de las Batallas para las que el alcalde, en nombre de la comisión de festejos, me ha pedido que pronuncie el pregón, lo cual es un gran honor para mí, que agradezco (pero desde luego que si sé que hay tanta gente aquí, no vengo). Os pido unos minutos de paciencia y os agradezco la atención que queráis prestar a estas palabras que en todo caso las he preparado con todo el corazón, por el amor que le tengo a este pueblo, en el que nací, fui a la escuela y al que nunca he dejado de venir, como decía el alcalde.

Se podrá obtener una copia del texto íntegro de este pregón, al igual que otras informaciones sobre la Feria, en la página de Internet de Santiago creada por nuestro paisano y amigo Pedro Batalla Corchado:

www.santiagodealcantara.eu

Me voy a permitir, en nombre de nuestro alcalde Juan Garlito, de la corporación municipal y de todo el pueblo dar la bienvenida a todas las personas que hacen el esfuerzo de venir hasta aquí para unirse a las fiestas con nosotros. A los amigos de los pueblos de la comarca (y en especial a los amigos del pueblo hermano de Carbajo, para quienes la Feria ha sido siempre, de alguna manera, su feria, o por lo menos nosotros así se lo brindamos); a los hijos del pueblo y amigos venidos desde otros puntos de España o de Europa para quienes la Feria del Cristo es cada año una cita obligada en Santiago de Alcántara. Recordamos con afecto a todos los que no pueden estar aquí por causas ajenas a ellos y sobre todo a las personas que nos han dejado definitivamente y no podrán nunca más compartir con nosotros estas fiestas. Gracias a ellos y a todos nuestros antepasados las tradiciones han ido conservándose y transmitiéndose de unas generaciones a otras. Parece ser, según testimonios dignos de todo crédito, que nuestras ferias y fiestas se iniciaron en 1887 hace, pues, 114 años. Esta Feria pasará a la historia por ser la primera del milenio y la última en la que gastaremos nuestros dineros en pesetas.

La Feria, en otros tiempos, coincidía con el final de las cosechas y eran unos días de descanso y diversión bien merecidos, después de las bodas del año que solían ser también en agosto. Nuestra feria es además de las más tardías de la comarca. A partir de la Feria empezaba un nuevo ciclo anual: las mocitas se iban a servir después del día de la Virgen, del 8 de septiembre, primero fue a Badajoz, luego a Madrid. Aquí en el pueblo los agricultores terminaban sus faenas de cosecha, entregaban el grano a la comarcal o lo llevaban al motor a moler y preparaban la nueva sementera; los ganaderos en sus majadas planificaban una nueva campaña; los hornos de pan funcionaban a pleno ritmo; los tejeros en la Vica, fabricaban tejas y ladrillos para los albañiles; las mujeres iban al estanque a lavar la ropa, atendían alguna huerta cercana, engordaban la matanza y preparaban el puchero cotidiano. La “Tallesa”, como llamábamos al coche de línea, salía día sí, día no, para hacer un viaje a Cáceres de casi 4 horas (para la ida y otro tanto para la vuelta). Los cochinos acudían cada mañana a la Guarda al toque del caracol de la señora Carmen. Comenzaba la escuela para los que iban a ella. Esto y muchas cosas más, que por no cansaros no vamos a citar, era la vida cotidiana de las gentes en Santiago hasta la década de los 60 que bueno es recordarlo para que los más jóvenes conozcan el pasado más reciente.

Pero este pueblo tiene evidentemente unos orígenes que se remontan a miles de años atrás. Hay restos en la zona que testimonian de la presencia del ser humano en estas tierras en épocas prehistóricas hace varios miles de años, como la cueva de El Buraco en la Cabeza del Buey y los numerosos dólmenes encontrados recientemente. En documentos referentes a la Orden de Alcántara encontrados en otros lugares de Extremadura muy lejanos se cita el castillo de Esparragal. Cuando es destruido este castillo, allá por el año 1300, surgen dos núcleos de población uno en Santiago el Viejo, que luego desaparecería a consecuencia de guerras contra los portugueses y otro en el actual pueblo que tomaría el nombre de Santiago. Entre 1800 y 1960 se llamó Santiago de Carbajo; las calles de San Blas y Vieja serían las primeras y el Péndere es el monumento más antiguo que se conserva. Este pueblo y sus tradiciones pervivirán sin duda muchos siglos más y es obligación de todos la conservación de su patrimonio natural y cultural para poderlo legar en las mejores condiciones a las generaciones venideras. No puede faltar nuestro agradecimiento a las personas que viven y trabajan en el pueblo garantizando así su continuidad con la imagen que hoy presenta. ( Las personas que venimos de fuera le debemos un respeto a los que viven en Santiago)

El Cristo de las Batallas, nuestro patrón, toma su nombre quizás, porque esta zona, en otros tiempos, fue muy castigada por las guerras. Su guerrero apellido lo llevamos muchos hijos del pueblo (incluidos nuestro alcalde y éste que os habla). Afortunadamente en tiempos en que los pueblos de Europa se relacionan en paz, lo que deja las batallas sólo para el recuerdo histórico.

El Cristo es para los santiagueños una referencia importante. Su imagen la muestran muchas personas, sobre todo fuera de aquí, como referente de Santiago. El paso de la imagen del Cristo de las Batallas en la procesión del día 2 de septiembre es para todos, creyentes o no, un momento de emoción que concentra recuerdos, esperanzas, deseos, añoranzas y un no sé qué que deja a todos un nudo en la garganta. Es como si tomáramos al Cristo por testigo de todo lo que ha pasado en este pueblo a través de los años, como espejo de lo que está pasando y como anteojo de lo que pasará en el futuro.

El Cristo de las Batallas ha asistido en los últimos 30 años, a las terribles tragedias que Santiago ha tenido que sufrir, junto a todo un pueblo impotente y solidario, unido como una piña, mudo, en esta plaza precisamente, intentando aliviarse unos a otros las profundas heridas del corazón que estos tristes sucesos dejan sobre todo en los más cercanos. Hijos de este pueblo, jóvenes y menos jóvenes, que se han quedado de forma temprana en el camino de la vida, en la carretera o en el lugar de trabajo y hoy no nos pueden acompañar en estas fiestas. Y es que Santiago de Alcántara ha pagado ya un tributo demasiado alto, quizás uno de los más altos de Europa (en proporción a su población), segando injustamente tantas vidas e inmolando a tantos y a tan dignos hijos suyos.

También el Cristo de las Batallas tuvo que ver allá por los años sesenta cómo muchos hijos del pueblo emigraban buscando una vida mejor para ellos y para los suyos. Los santiagueños, quedamos así más repartidos que la lotería del Niño, pero eso hace que Santiago tenga miles de embajadores suyos por todo el mundo que convierten a nuestro pueblo en punto de encuentro entre personas de lengua y cultura diferentes a la nuestra, en muchos casos. Los que habían nacido en Santiago de Carbajo, siempre han tenido presentes sus raíces y siempre, de una forma o de otra, han regresado a Santiago de Alcántara y han traído con ellos a sus descendientes para darles a conocer el pueblo, sus tradiciones, su familia, etc. Y es que quien renuncia a sus raíces renuncia a lo más sagrado que hay en la persona. A ellos, a todos los que se fueron a estudiar o trabajar fuera y vuelven, hemos también de agradecerles su aportación para que el pueblo sobreviva hoy de la forma que lo hace. 

Este Cristo, testigo divino de lo humano, ha asistido con orgullo al gran esfuerzo de superación social y cultural de los hijos y descendientes de este pueblo que son un ejemplo encomiable para muchos pueblos. Basta mirar a nuestro alrededor y hacia atrás para constatar el trayecto que hemos hecho en pocos años.

Tenemos que destacar que hoy día cuando nos juntamos en el pueblo, o cuando nos encontramos los paisanos fuera de él se crea en nosotros una relación muy especial que da la propia identidad santiagueña. Somos paisanos, eso basta. La juventud, como siempre nos da un ejemplo maravilloso. Crean entre ellos lazos de amistad o de amor de forma espontánea y sin prejuicios. Y por supuesto, que llamamos paisanos a todos los santiagueños, nacidos aquí o no, pero que se sienten de aquí.

( Y llegado a este punto me voy a permitir contaros una anécdota muy emotiva que me ocurrió hace unos años en Bruselas. Cuando vivía en Bruselas, como digo, vivía también allí otro paisano nuestro, el único paisano, además de mí. Su familia quiso hacerle un homenaje con motivo del 40 aniversario de su llegada a Bélgica, ¡40 años viviendo en el extranjero! Y quisieron que yo, por ser el único paisano que había en aquel país, asistiera al acto. Nosotros ya nos habíamos tratado, nos habíamos visitado mutuamente, porque eso de ser paisano y estar en el extranjero une muchísimo. Me pareció bien la idea y les dije que iría. Estuvimos viendo qué le podía llevar como regalo y se nos ocurrió llevarle una foto de la plaza del pueblo que yo había tomado un día de San Cristóbal desde allí abajo y se veía la plaza engalanada por la fiesta. La ampliamos, le pusimos un marco y un cristal, se la envolvimos en papel regalo y la llevé para el evento. Cuando llegó el momento de los regalos los fue abriendo, eran regalos ricos en precio y en emotividad, y así los fue agradeciendo. Pero al llegar mi turno, me quedé sorprendido de la emoción y la alegría que le produjo encontrar aquel cuadro con la plaza de su pueblo. Como fuera de sí, empezó a dar voces, en francés y en español, porque al acto asistían amigos belgas, diciendo: ¡Es la plaza de mi pueblo! ¡Es mi pueblo y éste es mi paisano! Unos años después, hace poco tiempo, Juan Garlito Romo, otro Juan Garlito, no el alcalde, murió en Bruselas con la vista clavada ... en el cuadro con la plaza de su pueblo.) (Sigue un aplauso prolongado).

El aplauso va para él.

Que estas fiestas, que cierran para muchos las vacaciones veraniegas de este año, os sean muy felices. Que al año que viene nos juntemos muchos más y que entre tanto nos ocurran sólo éxitos y dichas.

¡Viva el Cristo de las Batallas!

¡Viva Santiago de Alcántara! 

Buenas noches y muchas gracias.

(El Sr. Alcalde hizo entrega al pregonero de una placa de plata en la que podía leerse: “A D. Pedro Correa Batalla en agradecimiento por su colaboración como

PREGONERO DE LAS FIESTAS DEL STMO. Cristo de las batallas DE SANTIAGO DE ALCÁNTARA

2 de septiembre de 2001”

 

Gracias al pueblo de Santiago representado en la persona de su alcalde. 

 

Pedro Correa Batalla

Santiago de Alcántara, 31 de Agosto de 2001