PREGÓN DE LAS FIESTAS

DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LAS BATALLAS

 

Mito, realidad y devoción

 ¡Santiagueños!

Como hijo natural de este pueblo, me siento gozoso al haber sido elegido por el Excelentísimo Ayuntamiento para ser pregonero de las Fiestas del Santísimo Cristo de las Batallas; mi agradecimiento.

Como santiagueño, qué puedo yo pregonar de los encantos de nuestro pueblo, de su historia, de la idiosincrasia de sus gentes que vosotros ya no conozcáis.

Nuestras cálidas y resecas tierras, siempre sedientas de la tan preciada agua, convierten a Santiago de Alcántara en un lugar ideal para todo aquel que quiere huir del stress del trabajo o de la gran ciudad.

El que llega por primera vez y contempla nuestro pueblo se dice a sí mismo: “Lugar es este de tranquilidad y calma, que sólo al hombre bullicioso aterra.”

La primera grata sorpresa que se encuentra el visitante curioso es la variedad de su paisaje con su extensa gama cromática: del gris del granito y el olivo, al verde opaco de la encina, del alcornoque o de las chumberas, pasando al azul o al violeta que en la lejanía cierran el límite del horizonte.

             Arbustos tan característicos como la jara, el tomillo o el romero pueblan cumbres y laderas, mientras que los llanos se salpican de retamas, amapolas y pampillos.

         Cuando el visitante se adentra por nuestras calles, medio desiertas, con sus casas blancas y bien encaladas por el celo de sus mujeres; llega a su plaza, hermosa, donde se centra la vida del pueblo, con su ir y venir de sus gentes, presidida por el Apóstol Santiago, que da nombre a la villa, con su Ayuntamiento y la Iglesia Parroquial, este visitante no tarda en exclamar: “A mí me habían dicho que de Madrid al cielo, pero yo creo que mejor sería decir, de Santiago de Alcántara al cielo”.

          A la caída de la tarde, sus gentes salen del letargo y sus calles empiezan a cobrar vida; y si el silencio y la tranquilidad eran la nota más característica de las primeras horas de la misma, el bullicio, las risas, los chillidos de los niños jugando en las plazas o en las calles hacen recobrar vida al pueblo.

         Como todo pueblo, Santiago de Alcántara, también tiene su historia, leyendas y mitos. Como todo pueblo, el paso del tiempo, con sus cambios sociopolíticos, humanos, culturales y religiosos han ido determinando y configurando su situación actual. Si miramos hacia atrás, y no hace muchos años, nuestro pueblo casi no se parece en nada. Hoy podemos decir que a pesar de sus pocos recursos económicos y la baja población por la emigración, Santiago de Alcántara intenta resurgir y no perder el tren de la historia.

         Este resurgir de nuestro pueblo será posible si permanecemos unidos, si por encima de intereses partidistas unimos fuerzas en objetivos comunes. Aquí, sí que desearía hacer una llamada a los jóvenes para que recogieran la antorcha de sus mayores y se comprometieran en la continuidad de hacer de su pueblo, un pueblo próspero, floreciente, venturoso...

         Pero la riqueza más grande de un pueblo, y del nuestro no lo dudo, son sus gentes, que son los que tienen memoria para conservar la historia, hacer historia, crear mitos y leyendas, hacer costumbres y proyectarse hacia el futuro. De estas gentes, del pueblo sencillo, es decir, del alma popular surgen canciones y poemas de suavidad melódicas.

         Deseo que comparte conmigo este sencillo pregón, y como homenaje a todas las mujeres de esta linda tierra, mi esposa Inés, autora de este poema, titulado “Mi tierra linda ”.

  Mi tierra linda 

Me voy de mi tierra linda,

pero pronto volveré,

pues por muy lejos que vaya

yo nunca la olvidaré.

 

Iré a tierras hermosas,

quizás más llenas de sol,

pero como el de mi pueblo

nunca tendrá comparación.

 

Mi pueblo chiquito y blanco,

y verde alrededor,

Y esas sierras tan grandes

que parecen que hablan a Dios.

 

Es mi calle tan desierta

que te pones a soñar,

pues aquí nadie te molesta,

pues todo es tranquilidad.

 

Santiago grande y hermoso,

a ti no se te puede olvidar,

pues el Cristo de las Batallas

siempre con nosotros va.

 

Por eso los Santiagueños

volvemos la vista atrás

cuando salimos del pueblo

para poder contemplar,

 

esas casas tan blanquitas

y llenas de humildad.

El Cristo de las Batallas

siempre en mi corazón está.

                                                                                                  Inés Hormigo Cedillo

 

         ¡Santiagueños! Finalizado el verano, y después de haber acogido a todos sus hijos, a los de fuera y a los de dentro, al despuntar septiembre, y como culmen de esta convivencia veraniega, nos reunimos en torno a nuestro Santísimo Cristo de las Batallas, para celebrar en armoniosa unión la Fiesta de nuestro patrón y las Ferias, recordando así otros tiempos y otros hechos, aguardando pacientemente la salida en procesión de nuestro Santísimo Cristo de las Batallas, por sus calles blancas y dormidas bajo el sol, se despierten, vibren y vivan. 

         Tranquilo y solitario, Santiago de Alcántara espera con sus brazos abiertos la salida del Santísimo Cristo de las Batallas, tallado en madera de cerezo, que según cuenta la tradición, en una de las últimas batallas con Portugal, estando el pueblo sitiado decidió sacar al Cristo sobre un caballo blanco. Los portugueses al ver que aquello desprendía una aureola blanca huyeron despavoridos dejando libre al pueblo. Desde entonces, los santiagueños le profesamos una gran devoción y a Él encomendamos todo nuestro quehacer diario.

          Y, por último, quiero resaltar la belleza de nuestra Reina y Damas de honor, que con su juventud y alegría llenarán de gozo el ser de nuestras fiestas.

          Y hay un dicho que dice: “Quien a Santiago de Alcántara va una vez, no puede dejar de ir dos”. 

         FELICES FIESTAS.

          ¡VIVA SANTIAGO DE ALCÁNTARA Y EL SANTÍSIMO CRISTO DE LAS BATALLAS!

    por Tomás Morgado Pavón  Septiembre de 1996