Costumbrismo y viejas usanzas

Permíteme, pueblo de Santiago, que hoy al remover el arca de mis mayores, saque a relucir los trapos viejos y trate de resaltar las añejas costumbres hogareñas que ellos nos han legado en el correr de los tiempos.

            Perdona, lector, si yo, con mis torpes líneas, no sé reflejar todo el rancio sabor que estas líneas tienen, las cuales dentro de ti guardan, como buen santiagueño, gratos recuerdos, cuando a tu memoria afloran y te encuentras apartado de tu amado pueblo.

            Son, en primer lugar, los juegos de la adolescencia. El juego del "mocho", "adrugón" y "pa"-"to"; el de la "picota"; luego las correrías, por las muy señaleras calles del lugar, ora detrás de un bautizo diciendo un no sé qué de piropos a la madrina; ora a ver una boda y ora, porque es Nochebuena, con un sonsonete de zambombas y "tapaeras", dispuestos a pedir el aguinaldo al compás de un variado repertorio de dulces musiquillas, a la puerta de un vecino o si no a darle la "lata".

            De las andanzas juveniles son mudos testigos: la Plazuela con su perenne vigía, "el Péndere"; "la Corredera", las Cuatro Calles; el Molino; la Choricera; la Vica; el Cerro Herrero y la "Cotá". De sabor muy grato, por qué no, en la parca tarea campesina, las faenas de barbachera y sementera, El aire se ve surcado por las notas de algunas estrofas en la bella estampa del labrador agarrado a la mancera.

            Al unísono, con éstas, las de recolección de la bellota y aceituna; cuando, entremezclados ambos sexos en la tarea de caer y apañar el fruto, se alegra el campo con las dulces canciones y las risas frescas del chascarrillo inesperado o las bromas que, a veces, suelen caer sobre el incauto que acierta a pasar por el "corte", sufriendo sobre sí la chanza del "apollinaero". Pero es cuando el sol declina, con ellas agarradas del brazo y los vareadores con el "marco" y el "rebate" al hombro, que esta hora vespertina vé rasgado su mutismo por las voces de sonatas popularísimas.

            Sigue a éstas, por el tiempo en que se desarrolla, la inolvidable "matanza", que hace saborear a los de fuera nuestra preciadísima "chacina".

            Familiar es cien por cien esta faena. La familia toda se reúne, incluyendo el moza o la moza que, tarde o temprano, pasará a formar lazos maritales con algún joven de ésta. Empieza con las primeras horas matutinas. Las mujeres se reúnen en torno a la lumbre, para preparar los condimentos necesarios para el "adobo" de la carne; pelar los ajos y machacarlos; cocer las patatas y pelarlas. Luego, más tarde, limpiar los lacones y las orejas, cocer las patas y pelarlas; cocer las "comineras" y llenar el embutido, fariñera, "buche", "pelayo", etc.

            Los hombres por razón de su sexo, se disponen a dar muerte a los puercos cebados, que luego descuartizan, seleccionando las distintas carnes para la diversidad de embutidos. La chiquillería se alboroza, oyendo el ronco gruñir de los animales, en los estertores de su lenta agonía, esperando su muerte para ser pronto asado el apéndice "rabo" en las cálidas brasas. La anfitriona de la casa deja caer en el caldero la sangre que el animal va derramando, batiéndola para que no se coagule, después esta a formar con ella el brebaje de sumo sabor matancero que es la "cachuela" para ser ésta, con las migas, el desayuno. Alrededor de la sartén, colocada sobre las "estrévedes", se colocan todos.: los hombres depié, ellas sentadas y la chiquillería aparte. Digna estampa para un lienzo de añejo rango y de delicioso sabor extremeño.

            Es luego el río "tripero" escenario donde las mujeres se dirigen con los corchos y tableros del lavado de tripas. La operación se realiza amenizada por los más recientes comentarios. Los chiquillos las contemplan desde el cerro vecino, con la soga de recolgarse echada en la "perná" de una encina, desgranando una retóricas de frases típicas de este juego: "el puchero está en la lumbre...", etc.

            Luego de esto será el llenado, salpicado éste de piropos, chistes y variados comentarios, recogidos todos al rescoldo de la lumbre. Mientras tanto, los pequeños dan las no menos pesadas bromas de embadurnar cerrojos y puertas con la masa de las "fariñeras" y colocar algún que otro "zajumorio". Al finalizar la matanza, la no menos consabida frase de "que para otro año sea más gorda".

            Después de este somero relato de la frase matancil, es grato también recordar algunas faenas de cierto tipismo santiagueño; el sachado de garbanzos, la siega con su clásica respiga; la puchera y el gazpacho engullidos al calor de la extensa "parva".

            Pero sobre todas sobresalen las faenas casamenteras. Dan comienzo en el "avisar de la boda", que da motivo para alguna broma en casa de los invitados. Sigue la "frenda" en la víspera de nupcias. Es panorama vistoso, los tableras alineados, portados por risueñas muchachas vestidas a la usanza, encabezadas por la que lleva el "macho", res en canal con los guisos en la boca. Este presente juntamente con las aves, los panes, los dulces, el aceite, etc., formará la típica comida de la boda: arroz con pollo, el "guisado" y la "chanfaina". Hay fiestas profanas que tienen cierto sabor típico como son, entre otras, la de Santa Marina.

            Pero también tenemos nuestro día del CRISTO de hondo sentido religioso. Aquí nuestros abuelos dan la nota de su sentir místico, pues también eran cristianos, Dan testimonio de cristianismo y fervor, las promesas, donativos, mortajas, etc., hechas a nuestro Santo Patrón en agradecimiento a los favores recibidos.

            Tú, santiagueño, que desde fuera sientes la llamada del terruño y aquí te acercas para las fiestas, cuando en la procesión veas pasar al Cordero sobre el Sagrado Leño, híncate de rodillas y dile con el corazón de hermano, pues Él es también santiagueño: ¡Santísimo Cristo de las Batallas, haz que cuando a mi memoria aflore la memoria de mis mayores, sea la devoción hacia Ti, la más querida, en ese sinnúmero de costumbrismos y viejas usanzas de mi Patria chica!

 

AUTOR: ANDRÉS CRUZ AMBROSIO

Programa de festejos del año 1960

Santiago de Alcántara (Cáceres)  

(Por gentileza de D´Artagnan)